ASOCIACIÓN GEOFILOSÓFICA DE ESTUDIOS ANTROPOLÓGICOS Y CULTURALES
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LA IMPORTANCIA DE LA ANTROPOLOGÍA

La Importancia de la AntropologíaEl término “Antropología” procede de las raíces griegas “antropos” (hombre) y “logos” (tratado). Ello configura entonces la denominación de esta maravillosa ciencia bajo los siguientes términos: Tratado acerca del hombre.

Indubitablemente, no existe nada más apasionante que el estudio que hagamos de la humana especie en todas sus manifestaciones.

No podemos olvidar que, queramos o no, ha sido y es el hombre el eterno protagonista de la historia. De allí que no podamos pasar por alto sus logros, su evolución, sus conquistas en todos los campos del saber humano, sus incursiones en el desarrollo del pensamiento social, sus aventuras derivadas en descubrimientos asombrosos, etc., etc., etc.

Incuestionablemente que ello hace que esta ciencia tenga una visión eminentemente antropocéntrica en los terrenos del humanismo y del cientifismo de todos los tiempos.

Todos sabemos que la Antropología se ha ramificado con el propósito de ser más eficiente en sus diversas investigaciones. Por ello tenemos, principalmente, la Antropología biológica o física, la Antropología social o cultural, la Arqueología y la Antropología lingüística.

La Antropología biológica o física se encarga del estudio de los diversos hallazgos arqueológicos conducentes al esclarecimiento del devenir histórico de la humana especie desde sus primeras apariciones como hombre de las cavernas hasta su posterior desarrollo psicobiológico que lo hizo ser llamado Homo Sapiens Sapiens.

La Antropología social o cultural (Etnología) se adentra en el estudio de los diversos estratos sociales de nuestra sociedad, tratando de hacer luz en el largo laberinto de las concepciones ideológicas, las creencias, el folclore, el comportamiento y las estructuras de las relaciones sociales propias de los innumerables grupos humanos repartidos a lo largo de las diversas latitudes de nuestro mundo.

La Arqueología es una de las ciencias antropológicas con mayor difusión entre el público no especializado. Se trata del estudio científico de los vestigios del pasado humano. Los arqueólogos indagan en depósitos de materiales que son llamados yacimientos arqueológicos con el fin de interpretar los hallazgos y situarlos en la cultura y en la época correspondiente.

La Antropología lingüística estudia los lenguajes humanos. Dado que el lenguaje es una amplia parte constitutiva de la cultura, los antropólogos lingüistas se interesan en el desarrollo de las lenguas. Asimismo se ocupan en las diferencias de los lenguajes vivos, cómo se vinculan o difieren, y en ciertos procesos que explican la difusión de la información.

Cada una de esas grandes ramas tiene muchísimas divisiones que sería largo y tedioso detallar. Pero de entre diversos tipos de Antropologías existentes la que más nos interesa es la ANTROPOLOGÍA PSICOANALÍTICA, que se preocupa por develar los enigmas encerrados entre los vestigios hallados en las ruinas de las diversas culturas del Norte, del Sur, del Este y del Oeste de nuestro planeta. Esta Antropología aplica el uso del simbolismo universal y del psicoanálisis a las piezas arqueológicas halladas en los diversos yacimientos sobre los que se asentaron, en tiempos remotos, agrupaciones humanas con su propia idiosincrasia y objetivos claramente definidos.

Todo lo anteriormente descrito hace de la ANTROPOLOGÍA PSICOANALÍTICA una ciencia imprescindible a la hora de querer descifrar, junto a la filosofía, interrogantes como aquellas de: ¿quiénes somos?, ¿por qué existimos?, ¿de dónde venimos?, ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿hacia dónde vamos llegada la hora de nuestra muerte?, etc., etc., etc.

Nuestra asociación es por ello una institución antropológica en un cien por cien y, a la par, una verdaderamente amante de la filosofía con todas sus manifestaciones en el desarrollo del pensamiento humanístico a través de los siglos.

HOMO NOSCE TE IPSUM, declararon los griegos en el frontispicio del Templo de Delfos, aludiendo a la necesidad de desentrañar el misterio de la vida y de la muerte, como finalidad última de la verdadera filosofía.

Y es esa la búsqueda de nuestros estudios y por ello nos apoyamos en la Antropología y en la Filosofía Universal. Lo que interesa a nuestra institución es llevar a sus afiliados hasta la plenitud moral, ética, anímica, psíquica y social. Esta plenitud permite al ser humano valorarse a sí mismo, desde un punto de vista superior y, en consecuencia, valorar también su entorno, sus semejantes y la vida misma en todas sus manifestaciones.

Aquellos que se empeñan en hacer de la Antropología una aliada del materialismo dialéctico merecen nuestro respeto, aunque nosotros, institucionalmente, no compartimos sus criterios. Pensamos, con los amantes del humanismo, que la Antropología no puede quedar sujeta a una interpretación meramente intelectual acerca de los legados que nos han heredado nuestros antepasados.

Por ello recitamos con un eminente autor:

“En cuestiones de Antropología profana, dispénsenme la similitud, si se quieren conocer resultados, déjese en plena libertad a un mono, chango, simio o mico dentro de un laboratorio y obsérvese luego lo que sucede.

Los códices mexicanos, papiros egipcios, ladrillos asirios, rollos del Mar Muerto, extraños pergaminos, así como templos antiquísimos, sagrados monolitos, viejos jeroglíficos, pirámides, sepulcros milenarios, etc., ofrecen en su profundidad un sentido metafísico que definitivamente escapa a la interpretación literal y que nunca ha tenido un valor explicativo de índole exclusivamente intelectual”.

Nuestra institución se declara restauradora de las eminentes verdades que han constituido, a través del tiempo, el bagaje cultural que hace de la sociedad humana un todo trascendental y trascendente que justifica la existencia de la misma.

Finalmente declaramos, apreciado lector:

“El único culto perfecto que puede rendirse a Dios es el culto de la Verdad. Ese reino de Dios, cuyo advenimiento piden a diario maquinalmente millones de lenguas manchadas en mentiras, no es otro que el reino de la Verdad.” Unamuno.